Abril de 1945. El Tercer Reich se desmoronaba---Sus palabras eran tan horribles que al principio la emisora dudó en transmitirlas.
Abril de 1945.
El Tercer Reich se desmoronaba, pero en medio del caos ocurrió algo insólito. Un oficial alemán se presentó ante los británicos con una propuesta inesperada: no era rendición, tampoco combate, sino una tregua.
Habló de un campamento atestado de tifus y otras enfermedades. Si esas epidemias escapaban de los muros, no solo los prisioneros morirían, también soldados y civiles británicos estarían en peligro.
Los británicos enviaron patrullas para comprobarlo. Lo que hallaron era real. El 12 de abril, acordaron crear una zona neutral de cuarenta y ocho kilómetros cuadrados. No se dispararía. Los guardias alemanes permanecerían hasta que llegaran los británicos y luego regresarían a sus líneas. Era un pacto extraño, pero necesario.
Tres días después, las tropas aliadas entraron en Bergen-Belsen. Eran hombres curtidos en combate, pero nada los había preparado para aquel espectáculo. Sesenta mil prisioneros famélicos, apenas sombras humanas. Trece mil cadáveres insepultos, amontonados bajo el sol. El hedor lo impregnaba todo.
Aquel lugar no era un campo de batalla. Era una maquinaria de crueldad sistemática.
El periodista de la BBC, Richard Dimbleby, fue uno de los primeros en informar. Sus palabras eran tan horribles que al principio la emisora dudó en transmitirlas. Nadie quería creerlo. Pero Bergen-Belsen no era propaganda, era la prueba viva de hasta dónde puede descender el ser humano cuando la barbarie se convierte en sistema.

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