LA SALIVA de la ENFERMEDAD DEL BESO... Primero fue solo un cansancio raro… como si algo estuviera drenándome la energía desde adentro. Todo comenzó después de una fiesta. Había muchos besos, vasos compartidos, risas… y sin saberlo, también hubo un pequeño virus esperando su oportunidad. Días después, me sentía agotado. Dormía 10 horas y aún así despertaba con el cuerpo pesado, sin ganas de nada. Me dolía la garganta como si tuviera clavos al tragar. Las amígdalas estaban inflamadas, casi chocaban entre sí. Pensé que era una faringitis, o tal vez una gripe fuerte. Pero no mejoraba. Tenía fiebre constante, sudores nocturnos, y un cuello tan inflamado que parecía tener bolas bajo la piel. Me asusté. Fui al médico. Analíticas. Examen físico. Y luego vino el diagnóstico: Mononucleosis Infecciosa, también conocida como la “enfermedad del beso”. Un virus llamado Epstein-Barr se había alojado en mí, atac...
En la cima helada de Kargil, en 1999, indios y pakistaníes se enfrentaron en una de las guerras más duras de la historia reciente del subcontinente. India salió victoriosa, pero lo que sucedió después reveló una lección aún más profunda que la propia batalla. El gobierno de Pakistán, derrotado y humillado, se negó a reconocer a muchos de sus soldados caídos. Negó que fueran parte de su ejército y los llamó "insurgentes". Rehusó recibir sus cuerpos. Fueron entonces los propios soldados indios, sus adversarios, quienes asumieron ese deber. Los enterraron con honores militares completos, siguiendo los ritos islámicos, con el respeto que merecen los muertos. No por amistad ni por conveniencia, sino porque la dignidad humana trasciende la frontera, el uniforme y la bandera. Ese acto silencioso mostró que el honor no siempre se mide en victorias, sino en la capacidad de respetar incluso al enemigo cuando ya no puede defenderse. Los soldados indios hicieron lo que el propio gobier...