En julio de 1945, un grupo de niñas de 13 años fue de campamento en Ruidoso, Nuevo México. Se bañaban alegremente en un río, sin saber que a pocos kilómetros, se acababa de detonar la primera bomba atómica del mundo: la prueba Trinity del Proyecto Manhattan. La chica que aparece al frente en la foto se llamaba Barbara Kent. Años después, contó lo que vivieron ese día: “De repente, una nube enorme apareció sobre nosotras. El cielo se iluminó de manera extraña, tanto que dolía mirarlo. Pensamos que era el sol, pero gigante.” Unas horas más tarde, empezaron a caer del cielo unos copos blancos. Las niñas, emocionadas, pensaron que era nieve. Se pusieron sus trajes de baño y jugaron en el río, riendo mientras se untaban “la nieve” en la cara. “Lo raro era que no estaba fría, sino caliente. Pero teníamos 13 años… y era verano.” Esos copos no eran nieve. Eran residuos radiactivos. A 64 km de allí, a las 5:29 a. m., había explotado la bomba. Nadie del pueblo fue advertido. Nadie fue evacuado....
Cuando las bombas cayeron sobre Dresde en febrero de 1945, miles de personas corrieron a refugiarse bajo tierra. Creían que allí estarían a salvo del infierno que devoraba la ciudad desde el cielo. Pero no fue así. Uno de los refugios antiaéreos más conocidos de la ciudad no pudo abrirse sino hasta siete años después del final de la guerra. Cuando finalmente lograron entrar, lo que encontraron fue un retrato congelado del horror. Muchos de los que se escondieron allí murieron por asfixia. Los refugios estaban sellados herméticamente para evitar la entrada de gases tóxicos, pero también impedían la renovación del oxígeno. Los cuerpos, al quedar aislados, comenzaron a semimomifica...