Ir al contenido principal

LA MANO,LA VIDA, LA PLUMA... LA MANO, LA VIDA, LA PLUMA... ...cosas de la vida, que pasan,,...

LA MANO,LA VIDA, LA PLUMA...  LA MANO, LA VIDA, LA PLUMA... ...cosas de la vida, que pasan,,...
Tiramos de «la pluma» y nace un escrito para trasmitirlo. Igual con lo que otro puede decir y nos identificamos: lo brindamos y lo compartimos... Como algo más que nos hace saber que estamos. La fotografía o el dibujo lo capta... todos te abren las puertas de la imaginación. @AmonsuMontul -(aquelsoy)

FRENTE A LA -DOXA-: «EL CRITERIO»... que de niños vale; de adultos nos diferencia. (aquelsoy). AM

ESCUDERÍA DE ARMAS TOMAR FAMILIAR

ESCUDERÍA DE ARMAS TOMAR FAMILIAR
ESCUDERÍA DE ARMAS TOMAR FAMILIAR - sigo diciendo que es con V pero para no ofender lo dejo en blanco pero quito esa imprudente B -- por aquello de la lealtad.

¡ YO QUIERO ME DEEESSS UN BESITO NADA MÁS ! - ALERTA MÉDICA CON LOS BESITOS NAMÁS...








LA SALIVA de la ENFERMEDAD DEL BESO...
    

Primero fue solo un cansancio raro… como si algo estuviera drenándome la energía desde adentro.

    Todo comenzó después de una fiesta. Había muchos besos, vasos compartidos, risas… y sin saberlo, también hubo un pequeño virus esperando su oportunidad. 

    Días después, me sentía agotado. Dormía 10 horas y aún así despertaba con el cuerpo pesado, sin ganas de nada. Me dolía la garganta como si tuviera clavos al tragar. Las amígdalas estaban inflamadas, casi chocaban entre sí. 

    Pensé que era una faringitis, o tal vez una gripe fuerte. Pero no mejoraba. Tenía fiebre constante, sudores nocturnos, y un cuello tan inflamado que parecía tener bolas bajo la piel. Me asusté.
Fui al médico. Analíticas. Examen físico. Y luego vino el diagnóstico: Mononucleosis Infecciosa, también conocida como la “enfermedad del beso”. Un virus llamado Epstein-Barr se había alojado en mí, atacando mis ganglios, garganta, hígado y bazo. No se trata con antibióticos. No hay cura. Solo reposo, hidratación y paciencia.

    Mi hígado se inflamó. No podía hacer ejercicio ni levantar peso, porque un golpe podría romper el bazo. Y lo peor: la fatiga no se iba. Semanas enteras sintiéndome como si mi cuerpo cargara piedras. 

    Todo por compartir saliva. Por no cuidar mi sistema inmune. Por no escuchar a mi cuerpo cuando gritaba.

    No todo lo que se contagia se ve. No todo virus se cura con una pastilla. Y no todo cansancio es solo “estrés”.

    Cuida tu salud. Si te sientes mal por días, no lo ignores. Y nunca olvides que hasta el virus más pequeño puede apagarte por completo.

    Descansar es curarte. Ignorarte es enfermarte más.    

 Información, texto e imagen tiene fines netamente educativos, interactivos y principalmente académicos. Siempre consulta a tu médico de confianza.





Comentarios

Entradas populares de este blog

ELLOS ... pura piedra.

... Y TODOS MIRARON EL SOL; y yo me fijé en los que teníamos al ladito y nadie los vio. Es natural, llevan siglos pasando desapercibidos... ellos siempre nos observan, no se si se asombran de que no los tengamos muy en cuenta. Sí, son viejos sabios, saben que son el origen del origen de todo... Los seres pétreos nos llevan siempre a donde vamos... VIDAS DE PIEDRA. #vidasdepiedra «fuente: de soda»

DIVORCIO EN LA ÉPOCA MEDIEVAL

  En la época medieval, el divorcio no era fácil de conseguir, por lo que se buscaban alternativas. Aunque no era común resolver divorcios mediante combates, existen referencias a esta práctica. La más famosa proviene del instructor de combate alemán Hans Talhofer, quien escribió el "Fechtbuch" (“Libro de esgrima”) en 1467, un tomo ilustrado que incluía técnicas para duelos de "divorcio". Dada la ventaja física de los hombres, debían luchar desde dentro de un agujero que llegaba a su cintura y tenía un metro de ancho, con una mano atada y tres palos de madera. Las esposas, por otro lado, estaban armadas con tres piedras de hasta ocho libras, envueltas en tela, y podían moverse libremente alrededor del agujero. Ambos debían usar armas de la misma longitud. Si el marido tocaba el borde del agujero, perdía un palo. Tras perder los tres, debía continuar desarmado, intentando meter a su mujer en el agujero antes de ser golpeado. El manual de Talhofer ofrecía consejos sob...

LECHE DE BURRA

  En el París de finales del siglo XIX, la desesperación llevó a soluciones impensadas. Cada año, más de seis mil niños eran abandonados en los hospicios de la ciudad. Muchos de ellos nacían con sífilis congénita, una enfermedad transmitida de madre a hijo durante la gestación o el parto. Las nodrizas no podían alimentarlos, pues el riesgo de contagio era altísimo. La lactancia artificial, por su parte, solía ser una sentencia de muerte. Fue entonces cuando el médico Joseph Marie Jules Parrot ideó un experimento inusual: en los jardines del Hospice des Enfants Assistés se levantó un establo con cabras y burras. Los bebés eran llevados allí y, sin intermediarios, mamaban directamente de las ubres de los animales. Contra toda expectativa, los resultados sorprendieron. Los niños alimentados con leche de burra tenían una tasa de supervivencia mucho mayor que aquellos alimentados con leche de cabra o métodos artificiales. Sin embargo, el sistema no pudo sostenerse: la producción de lech...