LA SALIVA de la ENFERMEDAD DEL BESO...
Primero fue solo un cansancio raro… como si algo estuviera drenándome la energía desde adentro.
Todo comenzó después de una fiesta. Había muchos besos, vasos compartidos, risas… y sin saberlo, también hubo un pequeño virus esperando su oportunidad.
Días después, me sentía agotado. Dormía 10 horas y aún así despertaba con el cuerpo pesado, sin ganas de nada. Me dolía la garganta como si tuviera clavos al tragar. Las amígdalas estaban inflamadas, casi chocaban entre sí.
Pensé que era una faringitis, o tal vez una gripe fuerte. Pero no mejoraba. Tenía fiebre constante, sudores nocturnos, y un cuello tan inflamado que parecía tener bolas bajo la piel. Me asusté.
Fui al médico. Analíticas. Examen físico. Y luego vino el diagnóstico: Mononucleosis Infecciosa, también conocida como la “enfermedad del beso”. Un virus llamado Epstein-Barr se había alojado en mí, atacando mis ganglios, garganta, hígado y bazo. No se trata con antibióticos. No hay cura. Solo reposo, hidratación y paciencia.
Mi hígado se inflamó. No podía hacer ejercicio ni levantar peso, porque un golpe podría romper el bazo. Y lo peor: la fatiga no se iba. Semanas enteras sintiéndome como si mi cuerpo cargara piedras.
Todo por compartir saliva. Por no cuidar mi sistema inmune. Por no escuchar a mi cuerpo cuando gritaba.
No todo lo que se contagia se ve. No todo virus se cura con una pastilla. Y no todo cansancio es solo “estrés”.
Cuida tu salud. Si te sientes mal por días, no lo ignores. Y nunca olvides que hasta el virus más pequeño puede apagarte por completo.
Descansar es curarte. Ignorarte es enfermarte más.
Información, texto e imagen tiene fines netamente educativos, interactivos y principalmente académicos. Siempre consulta a tu médico de confianza.
Comentarios
Publicar un comentario