En una de esas instituciones, los cuidadores, sin acceso a tecnología médica avanzada, optaron por una técnica tan sencilla como efectiva: el drenaje postural. Colocaban toallas bajo el pecho de los pacientes o los acomodaban en camillas inclinadas para que, gracias a la gravedad, las secreciones pulmonares se drenaran y las vías respiratorias se mantuvieran libres.
No contaban con antivirales ni ventiladores. Solo tenían toallas, creatividad y vigilancia constante. Y lo más increíble: funcionó. En esa residencia no se perdió ninguna vida, mientras que en otras, donde no se aplicó esta técnica, las muertes fueron numerosas.
Fuera de Vietnam, este episodio pasó casi inadvertido, pero dejó una lección invaluable: que la dedicación, el ingenio y el cuidado humano pueden suplir la falta de recursos. A veces, las respuestas no están en lo más moderno, sino en lo más elemental: la observación, la gravedad… y el deseo genuino de salvar vidas.

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