En el verano de 1518, la ciudad de Estrasburgo, entonces parte del Sacro Imperio Romano Germánico, fue escenario de uno de los episodios más enigmáticos y desconcertantes de la historia europea: la llamada “Epidemia de baile”, un brote de lo que los cronistas denominaron coreomanía o “locura danzante”. Todo comenzó con una mujer, Frau Troffea, quien una mañana salió a las calles y comenzó a bailar sin música ni motivo aparente. Su cuerpo se movía sin control, como si una fuerza invisible guiara sus pasos. Los vecinos la observaron con desconcierto, pero al día siguiente, otros se unieron a su extraño frenesí. En menos de una semana, decenas de personas bailaban junto a ella, exhaustas, deshidratadas, sin poder detenerse. Para finales del mes, las crónicas registraron cerca de 400 bailarines, todos atrapados en un trance colectivo. Las autoridades locales, convencidas de que la única cura era dejar que el fenómeno siguiera su curso, contrata...