En los años 20, la artritis era todavía un enigma. Muchos médicos creían que era una infección. Nadie sabía exactamente cómo tratarla, y menos aún cómo aliviar el sufrimiento de quienes la padecían. Pero en 1929, algo cambió. Philip Hench, médico de la Clínica Mayo, observó un caso que lo dejaría perplejo: un paciente de 65 años, que sufría terriblemente de artritis, comenzó a mejorar justo después de contraer una enfermedad hepática que le provocó ictericia. Era extraño. Inesperado. ¿Cómo podía el daño en el hígado aliviar los síntomas de la artritis? Hench se obsesionó con la idea de que el cuerpo, bajo ciertas condiciones, generaba una sustancia capaz de calmar la inflamación. La llamó “factor X”. Y durante años, lo buscó sin descanso. Mientras tanto, otras pistas emergían. En el siglo XIX, Thomas Addison ya había relacionado la atrofia de las glándulas suprarrenales con ...