Entre los símbolos más temidos del ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial había uno que, a primera vista, parecía inofensivo: una placa metálica brillante en forma de media luna, colgada del cuello por una cadena. Se llamaba gola, y quien la portaba no era un soldado común, sino parte de la Feldgendarmerie, la temida policía militar del Reich. Su función no era ornamental. La gola representaba autoridad absoluta dentro del ejército. Un hombre que la llevaba tenía el poder de detener, interrogar o castigar a cualquier otro soldado, sin importar su rango. En la oscuridad, las letras y los bordes de la placa reflejaban la luz, como si el símbolo mismo quisiera anunciar su presencia antes de que el portador hablara. Esa visibilidad, sin embargo, venía con un apodo que marcó su infamia: “Kettenhunde”, los “Perros Encadenados”. Así los llamaban los soldados comunes, y no sin motivo. Aquellos hombres inspiraban más miedo que respeto: vigilaban los caminos, cazaban desertores, ejecu...